Corría el año 95 y nuestro Sporting Cristal, en busca del Bicampeonato que al final lograría, tenia que trasladarse hasta la ciudad de Chincha para rivalizar con el Ciclista Lima, equipo que oficiaba de local en esta ciudad. Como de costumbre el extremo celeste se aprestaba a seguirlo para alentarlo. Gracias a que Chincha esta cerca, hubo muchas facilidades para que los barristas e hinchas viajen. La gente se reunió en diferentes puntos, unos lo hacían en el Rímac ya que tenían cupo en los carros, otros se fueron hasta Atocongo para tomar algún ómnibus. Nosotros felizmente alcanzamos cupo y empezamos a “calentar cuerpo” con la gente.
Ese día la gente madrugo, porque como Chincha esta cerca no había necesidad de viajar un día antes y lo hicimos el mismo domingo. Del Rímac salieron como cinco carros a las 11 de la mañana. Nadie se imaginaba todo lo que íbamos a pasar ese día. Estando por cañete nuestro carro, que se encontraba repleto sufre un reventón de una llanta y gracias a una maniobra del chofer, el carro se detuvo sin daños.
Estábamos con la hora y apresuramos al chofer para que cambie la llanta. Se iba a demorar 15 minutos, tiempo que fue aprovechado por todos para darnos un ligero “chapuzón” en la playa cercana ala carretera. Solucionado el impase enrumbamos a la ciudad negra.
Al llegar nos dimos con muchas sorpresas. La primera encontrar a una gran cantidad de gente celeste proveniente de lima y celestes del lugar. La segunda sorpresa; el estadio estaba lleno y solo querían dejar entrar a 1000 barristas a oriente, cuando afuera éramos como 600 entre barristas e hinchas. Lo malo era que no había ningún dirigente que pudiera solucionar nuestro problema. Finalmente se obtó por colocarnos en la “tribuna norte” que dicho sea de paso, aun estaba en proyecto.
En un inicio solo entraron 100 barristas, teniendo que esperar los demás afuera. Este hecho impaciento a la gente y muchos buscaron la mejor forma de entrar. Una de ellas era trepar los muros del estadio. Al cabo de un buen rato y cuando ya había empezado el partido nos dejaron entrar a todos y no porque las autoridades lo decidieran, sino porque el Extremo estaba a punto de derribar la puerta norte. Al ingresar al estadio iniciamos la fiesta. Colgamos las banderas y nos pusimos a alentar al campeón, que la estaba pasando mal; al final perdimos el partido. Más adelante les contaremos como salimos y regresamos a lima.
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